"SUEÑO QUE NOS UNE"


La niñez que marco el futuro de su familia

 

LA NIÑEZ QUE MARCÓ EL FUTURO DE SU FAMILIA

Esta no es cualquier historia, les hablaré de mi abuela, Ilma Beatriz Aldana Avendaño, una mujer que a sus 16 años inició su historia de vida, ha sido portadora de historias felices y tristes, momentos que marcaron su vida con huellas de dolor. Sus cuatro hijos, quienes experimentaron en carne propia las vivencias de una familia disfuncional, su infancia que sin duda alguna fue marcada por angustia, miedo, llantos; pero también por alegrías, risas y tranquilidad. Una mujer campesina que fue humillada, atacada, maltratada tanto física como emocionalmente por su esposo, un hombre que de niño también sufrió el mismo trato.

Todo comenzó un mes de diciembre cuando mi abuela llegaba a su casa paterna, ubicada en la vereda Los Andes, de Usme. Lugar que se caracterizaba por ser tranquilo y amigable, allí estaría de vacaciones, era algo que ella hacía en sus épocas de receso escolar pues estudiaba en Bogotá, donde vivía con uno de sus hermanos mayores, con quien tenía una muy buena calidad de vida. No obstante, su lugar favorito era la finca de sus padres. Aunque su forma de vida no le obligaba a hacer todos los quehaceres de la finca siempre fue una hija obediente y colaboradora con sus padres. Era una señorita a quien poco le agradaban los oficios del campo, pero le gustaba hacer labores en la casa, disfrutaba mucho cocinar con su mamá. A mitad del mes de diciembre llegó un hombre a la casa, Heriberto Simbaqueva, quien tiempo después sería su esposo.  Él era 10 años mayor que mi abuela. Su primera impresión del señor no fue la mejor, pues mi abuela no tuvo nada de empatía con él, por el hecho de ser campesino; ella siempre decía que NUNCA estaría en una relación amorosa con un hombre del campo.

 –Mi abuela me dijo el refrán: “uno nunca debe decir de esta agua no beberé, ya que no sabemos que nos depara el destino”.

“Llévale un jugo al señor”, le dijo la mamá, pero se negó porque no quería ni saludarlo, sin embargo, le obedeció y le llevó el jugo, aunque no de la mejor manera, lo hizo con repugnancia. Luego, confirmó que no quería nada que tuviera que ver con él, pues no le simpatizo para nada y pensó “no lo quiero volver a ver”.  No obstante, el joven Heriberto Simbaqueva se quedó impresionado con su belleza. Varios días después volvió y casualmente mi abuela aún se encontraba allí. Heriberto, impactado con su belleza, se propuso acercarse a ella, más por su ego de hombre que por amor. Aunque le fue muy difícil a causa de la forma de ser de mi abuela terminó por conquistarla. Un día de fiesta de diciembre Heriberto se encontraba en la casa de mi abuela y le ofreció vino, ella se negó a recibirlo, pero la mamá le dijo que lo recibiera o de lo contrario se vería grosera. Obligada por el comentario de su madre accedió a recibir el vino, aunque de manera desagradable. Extrañamente desde ese día mi abuela comenzó a ver a Heriberto de una forma distinta y tener empatía con él, de un momento a otro, por lo que ella misma se asombró. Sin embargo, hablaban con más frecuencia con Heriberto, quien sería mi abuelo. Pasó el mes de diciembre y a inicios de enero mi abuela ya sentía una gran atracción por Heriberto, situación que él aprovechó para pedirle que fuera su novia y mi abuela aceptó, sin saber que aceptar esa propuesta le cambiaría su vida por completo.

Al paso de los días quedó en embarazo de su primer hijo, Miguel Hernán. Sus padres ofendidos le dijeron a Heriberto que tenía que responder por ella y por él bebe. Situación que los llevó a tomar la decisión de casarse aun siendo el mucho mayor que ella. Con el tiempo nació su segunda hija, Vivian Samira; para ese entonces ya su vida de casada había estado llena de dolor, angustia, miedos y golpes constantes, de lo que ya eran testigos sus dos hijos. Con el paso de los días mi abuelo Heriberto compró finca en la vereda Las Margaritas y decidió independizarse junto con su esposa y sus dos hijos. Allí construyó su casa y comenzó la vida de esclavitud de mi abuela, pues el trabajo que mi abuelo le dejaba era demasiado pesado para ella y, obligada por la situación, tuvo que aprender a hacer muchas actividades a las que no estaba acostumbrada, como cocinar para muchos obreros, ordeñar y cargar cantinas pesadas. Todo esto sin importar su estado de gestación de su tercer hijo, Wilmar Yesit. En aquel entonces los golpes y malas palabras eran cada vez más constantes y traumáticos, los engaños eran más frecuentes, los fines de semana su esposo se tomaba las tiendas y llegaba a casa siempre a golpearla, inventando situaciones de engaño por parte de ella y argumentando que veía a los hombres salir de la casa cuando él no estaba. Sus hijos buscaban lugares para esconder a su mamá y así evitar que el hombre la maltratara, a causa de esto tuvieron que pasar muchas noches a la intemperie ya que no podían ingresar a casa porque si lo hacían su madre iba a ser fuertemente golpeada. En medio de sus engaños y de la fría forma de tratar a su esposa, siempre fue un padre muy responsable, pues el alimento y el vestuario nunca les faltó a sus hijos. Con el tiempo, nació su última hija, Yury Maritza, quien también sufriría las consecuencias del maltrato psicológico por parte de su padre pues, aunque no les golpeaba, el ver como maltrataba a su madre ya era una forma de afectar su estabilidad emocional.

Pasaron los años y Hernán, al ver la situación tan difícil en la que vivían.  Decidió irse para la guerrilla. Mi abuela, al no aguantar más, decidió separarse y dejar la casa, aunque le costara tanto dolor alejarse de sus hijos. Meses después, en una actividad de celebración del día de la familia en el colegio en el que estudiaban sus hijos, se encontró con su ex esposo y compartieron junto con los niños. Esa noche mi abuelo Heriberto tomó y bailó mucho en el colegio. A la mañana siguiente, al llegar a la casa donde vivían, mi abuela quiso tomar la ropa de sus hijos para llevárselos con ella, pero antes decidieron dormir un rato ya que no habían dormido durante la noche. Mi abuelo esperó a que todos se acostaran, tomó un tarro de veneno y se lo tomó sin darse cuenta de que su hijo Yesit estaba observando todo lo que él hacía. Un niño que con tan solos 7 años de edad presenció lo que sería el inicio de una muerte lenta y trágica, sus gritos alertaron a mi abuela y a sus hermanas, quienes de inmediato se levantaron a ver lo que sucedía. Tratando de quitarle el veneno, mi abuela sufrió la última golpiza que mi abuelo le daría, pues este veneno era tan letal que estaba destrozando su intestino lentamente y aunque fue llevado al hospital de Usme, los médicos no pudieron hacer nada y a las 2:50 de la tarde murió dejando una mujer llena de deudas, en la pobreza absoluta y con tres hijos para sacar adelante y sufriendo la ausencia de aquel que se había ido para la guerrilla.

Aunque fueron años duros ella logró surgir junto con sus hijos y nunca más volvió a sufrir maltratos.  Para sus hijos fue duro perder a su padre, pero manifestaban con frecuencia lo tranquilos y felices que eran junto a su madre. Tiempo después, de Hernán no se volvió a saber nada, Vivian Samira tuvo dos hijas, Yesith tuvo una niña, al igual que Yury Maritza y mi abuela decidió volver a creer en el amor y ahora vive con su pareja quien le ayudó a salir adelante con sus hijos; familia que se ha caracterizado por ser muy unida.

 

DISLEY XIOMARA SIMBAQUEVA ALDANA

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