"SUEÑO QUE NOS UNE"


¿Un logro o una perdida para el país?

 

¿UN LOGRO O UNA PERDIDA PARA EL PAÍS?

El 9 de abril de 2019 el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, informó que la copa América se realizaría a mitad del año 2020 en Argentina y Colombia; el torneo se dividió en dos grupos, cada uno de seis países, un grupo jugaría en Colombia y el otro en territorio argentino (10 sudamericanos + 2 invitados: Australia y Catar).

Debido a la pandemia de COVID-19, que afectó a todo el mundo, se tuvo que postergar la edición para el presente año; hecho que solo había ocurrido en 1918, cuando la causa del aplazamiento del denominado campeonato Sudamericano fue la gripe española que afectaba a Rio de Janeiro. La tercera edición se llevó a cabo un año después, en 1919.

 

Desde el 28 de abril del 2021 se empezaron a llevar a cabo protestas en contra del gobierno nacional por todo Colombia; manifestaciones que después de unos días dejaron un saldo considerable de desaparecidos y muertos, muchos asesinados por la fuerza pública, además de la nula decisión del gobierno por entrar en un diálogo con las partes afectadas, para frenar el estallido social.

 

Por toda esta situación, más la preocupación por la gran cantidad de contagios de COVID-19 que se presentaban en el país y la poca vacunación realizada hasta el momento, la Conmebol empezó a debatir la posibilidad de que la copa no se realizara en Colombia, barajando a Paraguay y Chile como nuevas opciones.

 

El 5 de mayo, el presidente Iván Duque manifestó que "sería absurdo la no realización de la Copa América en Colombia y Argentina tal como se había previsto inicialmente". No obstante, luego de dos semanas de protestas, el gobierno no había dado ninguna solución a lo pedido, por el contrario, cada vez la situación se tornaba más crítica para el pueblo, la fuerza pública y el gobierno estaban violando gravemente los derechos humanos de los colombianos. Esto se convirtió en algo que preocupaba a la Conmebol debido a que las delegaciones que iban a arribar al país para disputar el torneo continental no tenían ninguna seguridad.

 

Tanto el gobierno como la Conmebol esperaban ver las garantías en los partidos que disputarían los equipos colombianos en la copa libertadores. El 12 y el 13 de mayo, fueron dos días cruciales para la decisión final de la Conmebol. El miércoles 12 se jugó el partido entre Junior de Barranquilla y River Plate de Argentina; antes de su inicio se escuchaban fuertes estallidos de gases lacrimógenos lanzados por la fuerza pública, en el transcurso del juego tuvieron que parar varias veces debido a que estos gases llegaban al campo de juego y producían lagrimeo a los jugadores y al cuerpo técnico. El resultado del encuentro fue 1-1, pero eso es irrelevante, lo que dejó este juego fue que toda Latinoamérica y otras partes del mundo se enteraron de la situación por la que estaba pasando Colombia. Muchos periodistas argentinos y de otros países hicieron duras críticas por las condiciones en las que se afrontó el partido.

 

Situación muy similar ocurrió al siguiente día, el jueves 13, en la misma ciudad, cuando América de Cali enfrentaba a su similar Atlético Mineiro de Brasil. Fueron muchos los momentos en que se tuvo que parar este partido por la misma situación de orden público y de nuevo quedó en vergüenza el país ante el resto del mundo. Además de estas dos situaciones, el miércoles 13 de mayo, se debía jugar el partido entre Atlético Nacional y Nacional de Uruguay, previsto para las 9 de la noche en el estadio Hernán Ramírez Villegas de Pereira. Horas antes del partido varias personas llegaron a la concentración del equipo uruguayo e impidieron que ellos salieran hacia el estadio, por lo cual el partido tuvo que posponerse para las 10 de la noche. En el sorteo inicial antes del partido, el capitán de los charrúas, Gonzalo Bergessio, le dijo a los árbitros y al capitán de Atlético Nacional, Sebastián Gómez: “Necesitamos más empatía de parte de ellos… somos todos compañeros, somos todos jugadores de futbol”, dejando claro la situación tan tensa por la que tuvieron que pasar.

 

El jueves 20 de mayo, en una rueda de prensa, el ministro del Deporte, Ernesto Lucena, declaró: “El gobierno de Colombia le solicitará a la Conmebol, a través de la Federación Colombiana de Fútbol, el aplazamiento de la Copa América. Creemos que lo más importante en un evento de esta magnitud es el aforo de público y, como lo ha dicho el presidente de Argentina, y como lo hemos reiterado nosotros, en este momento la imposibilidad de tener aforo hace que la Copa no pueda ser el evento con el que todos soñamos”.

 

Hasta ese momento en Colombia se registraban 42 muertos, centenares de heridos y desaparecidos por causa de la represión de la fuerza pública contra los manifestantes, cifras que no pararían de crecer.  Sin embargo, la petición del gobierno era aplazar para final de año la copa América, por la pandemia y la imposibilidad de tener público, lo cual si era muy grave pero no la causa de todos los problemas sociales por los que atravesaba el país. Era una cortina de humo por parte del gobierno intentar tapar su corrupción diciendo que por la pandemia no se podía realizar la copa en Colombia.

 

Teniendo en cuenta los datos sobre los partidos de la Copa Libertadores, la necesidad de que los equipos jugaran sus siguientes fechas en otros países, la amenaza de varios patrocinadores de retirarse si se realizaba el torneo en Colombia, y obviamente el aumento de la crisis por todo el país, la Conmebol tomó la decisión de quitarle a Colombia la posibilidad de ser sede de la Copa América. Horas después del comunicado del gobierno nacional, la Conmebol respondió: “Por razones relacionadas al calendario internacional de competiciones y a la logística del torneo, resulta imposible trasladar la Copa América 2021 al mes de noviembre”. “La Conmebol asegura la realización de la CONMEBOL Copa América 2021 e informará en los próximos días la relocalización de los partidos que debían disputarse en Colombia”.

 

Así, definitivamente, se había decidido que no habría Copa América en Colombia, hecho que los manifestantes, en su mayoría, tomaron como logro, uno más luego de evitar la implementación de la Reforma Tributaria y la Reforma a la Salud. Después de la noticia el gobierno se manifestó diciendo que estaban tristes y sorprendidos por la decisión de la Conmebol, que había sido un hecho de burla contra el pueblo colombiano, ya que se notaba más el interés por hacer si o si este evento que por dialogar con quienes pedían un cambio.

 

Luego el ministro de deportes explicó que el país invirtió al menos 12.500 millones de pesos en adecuación de los estadios, cuentas más cuentas menos fue mucho dinero invertido hasta el momento para un correcto desarrollo de la Copa, lo cual, luego de oficializarse, la no realización, muchos tomaron como pérdida económica grande para el país.

Ernesto Lucena también dijo: “Nos pareció que nos contestaron muy rápido, teníamos una esperanza, pero hoy por hoy Colombia no tiene Copa América y perdimos un eje de reactivación económica y un eje de reactivación social”.

 

El gobierno nacional tomó como excusa la imposibilidad de que la gente llenara los estadios y se escudó en que perdimos la oportunidad de que el turismo que generaría la copa reactivara la economía del país, que se ha visto afectada gravemente en los últimos tiempos. Dejaron ver claramente que este evento, para ellos, era meramente político y para su desgracia no lo pudieron realizar.

 

No creo que la Conmebol haya pensado en la situación del país ni qué era lo mejor para los colombianos. También son un ente corrupto, pero, aunque si, la copa América en esos temas hubiera ayudado mucho al país, no es obviamente la única solución, la corrupción arropa nuestra nación y lo único que el gobierno iba a lograr con este evento era cubrir sus falacias e incrementarlas: en un país futbolero eso no es muy difícil.

 

Por fortuna la gente empezó a despertar a tiempo para evitar, por ejemplo, este evento, porque todo el mundo supo que en Colombia no se hizo la copa América por la situación social y el mal manejo del gobierno. Aunque ellos no lo hayan querido decir, los colombianos lograron esto, algo que ni siquiera el virus que afecta a todo el mundo podía lograr.

 

Si quieren hablar de pérdida, Colombia ha perdido mucho y no por una remodelación de los estadios, al contrario, estas remodelaciones ya hechas servirán en un tiempo para el mejor funcionamiento de eventos deportivos por todo el país, si lo administran bien. En ese sentido no se perdió, se puede recuperar el gasto; más bien perdió el gobierno, se le salió de las manos hacer su copa, se quedaron con las manos vacía. Pero todos sabemos que soluciones, para mejorar la situación del país, hay y son muchas, no podemos pensar en que dependemos de un evento deportivo para estar bien en nuestra economía, eso no es ni será así.

 

Fue un logro la no realización de la Copa América, quedó al descubierto la represión contra el pueblo colombiano, y esta vez el gobierno no se saldrá con las suyas como ocurrió en el 2001, cuando el presidente del momento Andrés Pastrana impulsó su campaña con la realización del torneo en nuestro país y posteriormente con el título obtenido por la Selección Colombia, hasta el punto de llegar a celebrar con ellos. 20 años después: ya no. En un país futbolero evitar esto es algo muy grande, pero lógico, porque hoy por hoy es mucho más importante un cambio en nuestra sociedad, una vida digna para los colombianos que un torneo de fútbol.

 

Si la copa América se hubiera efectuado aquí. no habría sido, para nada, un evento que ayudará a la situación social y económica de los colombianos, solo se habría tratado de un show que probablemente lograría mejorar la imagen de nuestro nefasto gobierno y hundir más a las masas populares.

 

Dicho todo lo anterior no tengo duda de que el pueblo colombiano algo ganó con estos hechos; aunque al día de hoy la situación social de aquellos días dejo más que todo perdidas humanas que soluciones. Las manifestaciones nacionales se vieron por todo el mundo y sirvieron para que tuviéramos, por algunos momentos la certeza de que la mayoría queremos un cambio, necesitamos un cambio, que no se logrará de la noche a la mañana, pero que si hará despertar a más personas para ir mejorando de a poco nuestra horrible situación nacional.

 

Algo que parece simple como empezar a marchar en masas más a menudo o evitar que un evento continental se realice, pudo ser el inicio de un cambio. Tal vez el camino sea demasiado arduo y largo, pero esperamos que con el paso de los meses el cambio se vuelva una realidad para los colombianos.

PAULO ALEJANDRO GUZMÁN FRANCO

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