Una de las situaciones a las que nos vemos obligados es al
uso permanente del tapabocas que nos ha traído bastantes consecuencias. Tal vez
nos protegió del virus, sin embargo, a muchos nos causó algún tipo de alergia,
acné, sudoración o exceso de humedad, aire entre los ojos o lentes empañados y ahogo.
Además, por el uso del tapabocas ya no nos vemos, ya no nos conocemos a simple
vista debido a que tenemos medio rostro cubierto. Para el resto del mundo nos
convertimos en desconocidos, incluso para nuestros amigos. Cada persona es un
anónimo para el otro, por esta razón las relaciones sociales aparte de ser prohibidas
se volvieron innecesarias para algunos.
Por otro lado, evidenciamos un problema un poco más complejo
que es el impacto ambiental que estos artículos generan. Somos alrededor de 7
mil millones de personas, imagínate que cada una deseche un tapabocas a diario;
es aberrante el daño ambiental que esto está generando: miles de tapabocas que
invaden ríos y océanos de todo el mundo, provocando una vez más la alteración
de los ecosistemas y su destrucción.
Ante esta situación, la asociación francesa Operación Mar
Limpio advierte que la sociedad está acostumbrada a “usar y tirar” y con el
tapabocas la cuestión se agrava porque su uso es obligatorio. Son mascarillas
de polipropileno, un material plástico derivado de combustibles fósiles. El
problema es lo que tarda este en descomponerse, nada menos que 400 años.
Otra problemática que no podemos dejar atrás es la de las
familias de escasos recursos que no tienen dinero para cubrir sus necesidades básicas
y no tener que pasar hambre. Como el gobierno ordenó una cuarentena obligatoria
y no cumplió con su deber de asegurar el sustento, estas personas tuvieron que
salir en busca de ayudas, les tocó recurrir a la mendicidad o peor aún a la
delincuencia, agrandando mucho más un problema social que ya existía. En estos dos últimos años han aumentado
considerablemente los casos de hurtos a personas o establecimientos.
También está el distanciamiento social que quizá para muchos
fue lo más complicado, porque estamos acostumbrados a los abrazos y a los
besos, a la cercanía y a estar acompañados, pero con la llegada de la pandemia,
todo cambió por completo. Ahora se prohibía la interacción ya que con ella estábamos
expuestos al virus y necesitábamos cuidarnos y cuidar a los demás. Entonces, ya
no teníamos ese calor humano y muchos nos sentíamos solos y con problemas de
depresión y ansiedad por los diferentes cambios extremos que tuvo nuestra vida.
El internet pasó a ser el medio fundamental para la comunicación e información
de nuestras familias y con resto del mundo.
Para finalizar diré que la pandemia fue lo peor que nos pudo
pasar. Tendremos una anécdota no muy dulce para contarle a las siguientes
generaciones. Tal vez no crean que fue tan trágico y doloroso, pero nosotros sí
lo sentimos así. A pesar de todo, de la
pandemia también aprendimos a valorar mucho más los detalles y a la familia. Como
dice el viejo refrán: después de la
tormenta viene la calma; y aunque todavía quedan torrenciales aguaceros,
sabemos que en algún momento todo pasará y viviremos nuevamente felices y
tranquilos sin necesidad de estar temerosos del contacto con las demás
personas.
Zara
Forero

No hay comentarios:
Publicar un comentario